La Coctelera

El placer del sexo: arte y lascivia de un museo ideal

Reproduzco un artículo de un tema interesante y que ha dado -y da- mucho juego en el arte...

"El placer del sexo: arte y lascivia de un museo ideal. (por Antón Castro)

El sexo mueve el mundo. Podría escribirse una formidable historia de la humanidad desde la perspectiva del deseo. No es eso exactamente lo que ha hecho Jean-Manuel Traimond, sino concebir un museo del imaginario erótico en el espléndido libro 69 historias del deseo (Electa), que propone una viaje por el desarrollo de la sexualidad.

La odisea se prolonga desde el siglo VI antes de Cristo, cuando una vasija representaba pasajes explícitos de sexo oral y anal entre hombres, hasta nuestros días, en que la escultora Louise Bourgeois (insólita Premio Aragón-Goya) paseaba, en 1982, un enorme falo de metal con sus testículos ante la cámara de Robert Mapplethorpe.

Traimond, autor de una Guía erótica del Louvre y del Museo de Orsay, dice: "La Antigüedad representaba el placer sin mala conciencia, pero también estableció la separación entre cuerpo y espíritu, materia e idea. Exacerbada por el cristianismo, dicha separación hizo que todo el peso de la vergüenza recayera sobre el deseo". Y agrega que "atacado, ahogado, asediado por el pudor, el deseo occidental resurge una y otra vez oculto tras tantos y tan variados disfraces".

Quizá por ello, los pintores, los artistas en general, han visto estimulada su imaginación y han emprendido una suerte de "guerra de guerrillas contra el triste pudor". Una constatación clara del libro es que "al eterno retorno de las obsesiones masculinas se corresponde la escasez de las muestras de afecto femenino" y, por extensión, de ausencia de mujeres pintoras.

Se recuerda el paradójico caso de Georgia OKeefe, una voluptuosa artista que pintó flores como vulvas abiertas, como explícitas metáforas o alegorías del sexo femenino, y siempre dijo que ella no hacía pintura erótica.

Dentro de esas 69 piezas están todos los asuntos del amor y del deseo. Desde ese inicial canto griego a la homosexualidad y al destape de Afrodita, cuyos senos se alzan más allá del velo, también existen imágenes de las hetairas (las prostitutas de lujo) o una escena, en Pompeya, de otro mito: el de Príapo, al que le habían dedicado varias capillas, frecuentadas por hombres que tenían alguna enfermedad en el pene. Traimond escribe: "En cuanto a las mujeres, ya fueran profesionales o simples amateurs (?), colgaban del gran falo tantas guirnaldas como amantes habían tenido en el transcurso de la noche".

 

El libro aborda algunos casos de zoofilia, como la cópula entre Pan y una cabra, la sutil relación de Leda y el cisne (1598) recreada con absoluta maestría por Rubens o un cunnilingus de La bruja y el dragón (1515) de Hans Baldung Grien.

El Bosco mostró en El Jardín de las Delicias (1510) la homosexualidad, la masturbación e incluso una imagen más extraña: la de mujer que anda a gatas, semidesnuda, y por atrás avanza una pértiga que lleva una esponja en la punta.

La carne y el pecado

"Cuanto más nos resistimos a la carne, más se esfuerza en reaparecer", escribe Traimond a propósito de la pieza de Tiziano La Magdalena penitente (1530), que mezcla la vergüenza del pecado carnal y la exuberancia del ardor en forma de un envolvente cabello de fuego.

El cuadro La piel (1638), de Rubens, insiste en el elogio de la beldad y del hedonismo, igual que dos piezas de Fragonard: Las curiosas (1767-1771), una elipsis de la figura del mirón (exaltado en "Una ojeada a través de la cerradura" de Anton Felser, de 1895, que sería casi el positivo o el reverso de la anterior) y Los afortunados azares del columpio (1767), que es un canto al pie como apéndice sexual. Dice Traimond: "Hay mujeres que llegan al orgasmo pasándose el aspirador por las plantas de los pies".

No podía faltar el lienzo que sublima y normaliza como ningún otro la vagina: El origen del mundo (1866) de Courbet.

Ni una flor de OKeefe, ni las mujeres pelirrojas de Klimt,

ni esa sucesión de damas que tientan a Ulises o a distintos dioses y hombres, como el caso de las sabinas, raptadas y violadas por los romanos y pintadas por David. (y Rubens)

Rembrandt realizó un elocuente grabado de la felicidad conyugal en el tálamo en La cama a la francesa (1646).

"¿Hay que decir algo que la sonrisa de la esposa penetrada no diga ya?", se pregunta Traimond. Leonor Fini se acercó a la homosexualidad femenina.

El perverso y agudo Franz von Stuck es autor de El balancín (1898), sobre la masturbación de mujeres con un tronco;

de Pornokrates, Felicien Rops, (1878), acerca "del poder de la puta" que pasea a un cerdo, y de El pecado (1895).

Aubrey Beardsley aborda la fuerza de la erección en Los embajadores lacedemonios (1896).

Una de las piezas más impresionantes, que figura en la exposición Las lágrimas de Eros del Museo Thyssen, de idéntico argumento, es La muerte de Jacinto (1804), un cuadro de Jean Broc, que fue el primero en cantar el amor homosexual a través de la figura de Apolo y del joven Jacinto, que se desploma sobre su hombro.

Ese pintor y fotógrafo y contorsionista que era Pierre Molinier aborda la tragedia y la rebelión del travestido.

El tema del beso aparece en Hércules y Onfalia (1750), de Boucher,

en Rodin

 y en Magritte, en esa obra tan famosa de los dos rostros cubiertos.

El autor incorpora a Caravaggio, a Velázquez y La Venus del espejo (1651) -el sevillano retrató a una de sus amantes y reveló un secreto-,

a Ingres,

a Manet,

a Marcel Duchamp

y a Picasso, con una obra estupenda: Dora y el Minotauro. En el comentario a esta pieza, el autor realiza un recorrido por los grandes amores del pintor, quien, en el fondo, encarnaría a un minotauro humano y falaz.

En esta propuesta de Traimond hay pintura histórica, mitológica y de retrato, escultura y cómic y fotografía.

Aborda una compleja casuística del sexo: la traición, el adulterio, los celos, la exaltación de la carne, la melancolía, la relación entre el amor y la muerte, la alegría del coito, las diversas formas de homosexualidad, el pecado, la picardía, el morbo, la sorpresa, el humor. Y se percibe, una y otra vez, la irreductible fascinación del erotismo, de la lascivia y de la sensualidad transformadas en obras de arte. El sexo excita el mundo y ha sido un estímulo permanente de creación."

(fuente del texto; las ilustraciones las he encontrado en internet)

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