Y continuamos...
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Ya hablamos algo de él aquí, pero veremos algo más de este magnífico fotógrafo.
Henri Cartier-Bresson (22 de agosto de 1908 - 3 de agosto de 2004) fue un célebre fotógrafo francés considerado por muchos el padre del fotorreportaje.
Predicó siempre con la idea de atrapar el instante decisivo, versión traducida de sus "images à la sauvette", que vienen a significar con más precisión "imágenes a hurtadillas". Se trataba, pues, de poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de una acción.
Nació en Chanteloup-les-vignes, Seine-et Marne, a las afueras de París, el 22 de agosto de 1908.

Pertenecía a una familia de la alta burguesía que le inculcó el gusto por el Arte, a sus padres sólo les interesaba la pintura, por este motivo fue educado en el Lycée Condorcet de París. La empresa familiar de bobinas de algodón le hacía un lugar en el acolchado bienestar de la burguesía, pero Henri decidió que no terminaría el secundario y que barrería hangares vacíos hasta convertirse en piloto. Después de terminar sus estudios de pintura en 1927-1928 a cargo del pintor cubista André Lhote (donde desarrolla el entrenamiento visual que serviría como la estructura para su arte como fotógrafo) en Montparnasse y de frecuentar los círculos surrealistas parisinos, con los que simpatizaba bastante, decide dedicarse a la fotografía. De André Lhote diría: "no era un buen pintor porque andaba escaso de sensibilidad", pero reconoce que "fue él quien me enseñó geometría y sentido de la forma". Su ojo se formó ahí, en la científica relación entre lo lleno y lo vacío, la luz y la sombra. "Pero es más importante la relación entre formas que la luz. El equilibrio de volúmenes lo es todo". Más tarde, admite que estaba "marcado no por la pintura Surrealista, pero si por las concepciones de Andre Breton, (el cual) me hizo comprender el papel de la expresión espontánea y de la intuición y, sobre todo, la actitud de rebelarse" (Henri Cartier-Bresson: The Early Work).
Es fotógrafo a sus 23 años en Costa de Marfil (donde vivía de la caza), cuando recogería sus primeras instantáneas con una Krauss de segunda mano. Publicaría su reportaje el año siguiente (1931). En 1931 después de una larga enfermedad -unas fiebres- se interesó más en serio por la fotografía. La primera Leica (la cual quedaría asociada con su persona) la obtuvo en el 1933, de regreso a Francia, en Marsella, con la que conseguía fotografiar al sujeto de una forma discreta sin distraerlo. Se inició así en una vida en blanco y negro -sin flash ni teleobjetivo-, que lo convirtió en el mejor testigo de hechos clave del siglo. Comienza a "sentir" la fotografía y luego en una entrevista, admite que después de su viaje por Africa, "... el aventurero en mi se sintió obligado a testificar, con un instrumento mas rápido que el pincel, las cicatrices del mundo".



A continuación viaja a lo largo de la Europa Oriental: Alemania, Polonia, Austria, Checoslovaquia y Hungría. En 1932, viaja a Francia, España e Italia. Aunque seguramente menos exótica que su experiencia en África , "el vuelo de Bresson desde la convención y el decoro lo lanzó en el mundo del desposeído, el marginal, y el ilícito que él abrazó como propio". (Henri Cartier-Bresson: The Early Work).
Su primera exposición la inauguró a mediados de los años 30 en México, después expuso en 1932 en la Galería Julien Levy de Nueva York, además ese mismo año publicó también su primer reportaje en la revista Vu.
En 1934 viaja a México junto a un equipo de fotógrafos comprometidos en un proyecto etnográfico patrocinado por el gobierno de este país. Debido a problemas burocráticos el proyecto fracasa, sin embargo Bresson decide prolongar su estadía en este país por un año, continuando así con su "captura" de gente y lugares marginales de la sociedad. Expone sus fotografías en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

De allí se muda a la ciudad de New York, en 1935, y expone junto a Walker Evans. Estando en esta ciudad comienza a interesarse por el cine, de la mano de Paul Strand, y durante este período realiza pocas fotografías.
Hablando de su técnica, jamás recorta los negativos, se positivan completos, sin encuadrar ni cortar nada. Es un fotógrafo que sabe componer con rigor, observando los gestos, las yuxtaposiciones de elementos y dispara en el breve instante en que todo ello crea un conjunto significativo, lo que él define como el momento decisivo.
Estudió cine en Nueva York, fue asistente de dirección del cineasta Jean Renoir y en 1937 filmó su propio mediometraje, Retorno a la vida, sobre hospitales de campaña republicanos en la Guerra Civil Española.
En 1937 empezó a trabajar para varias revistas y periódicos (France Soir) como reportero gráfico. Fue llamado a filas en 1940, para la Unidad de cine y fotografía del ejército francés, durante la II Guerra Mundial le detuvieron los alemanes durante 35 meses. Después de tres intentos escapó de la prisión de Wuttemberg dirigiéndose a París, allí trabajó para la Resistencia en 1943. Organizó la filmación y fotografió la Ocupación y la Liberación de París. En 1945 dirigió, para la oficina de información bélica de Estado Unidos, el documental Le retour (El retorno). Volvió a Estados Unidos en 1946, donde conoció y fotografió a numerosos escritores y artistas como William Faulkner, Alfred Stieglitz o Saul Steinberg. Destacar como anécdota que en este año asistió a la exposición que el MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) le había organizado después de creerle muerto en la guerra.
En 1947, él cofunda junto a Robert Capa (del que era muy amigo), Bill Vandivert, David Seymour y George Rodger la agencia Magnum -la primera agencia de fotos cooperativa- y a través de sus viajes por el mundo definiría la fotografía humanista: visitaría así pues África, México, y los Estados Unidos. Magnum, bautizada con el nombre de los botellones de champagne que bendecían las reuniones, fue la llave a los reportajes fotográficos que Cartier-Bresson elevó a arte. "Nos lanzamos a la idea de Magnum para poder hacer lo que queríamos, para trabajar en lo que creíamos y no depender de que un periódico o una revista nos encargara una cosa. No queríamos trabajar por encargo y pensamos que si nos organizábamos podríamos tomar nosotros la iniciativa" (Henri Cartier-Bresson).

Bajo la égida de la agencia, Bresson comenzó a viajar y enfocó su trabajo en la fotografía de reportaje. Viaja por el Oriente: India, Birmania, Pakistán, China e Indonesia entre 1948 y 1950. "Mi guía no paraba de reírse, no comprendía que hiciera fotos a todo lo que yo veía. Probablemente, él, entonces, no sabía que gracias a la fotografía yo he aprendido a vivir, porque ella me ha enseñado respeto y tolerancia" (Henri Cartier-Bresson). Durante veinte años se recorrió todo el mundo siendo considerado uno de los reporteros más importantes de su época. Su primer libro fue publicado en 1952 titulado Images à la Sauvette.
En 1955, por invitación expresa del Museo de Louvre de París, fue el primer fotógrafo que expuso su obra allí. Abandonó Mágnum en 1966 volviendo al dibujo y la pintura (estaba formado en la Escuela nacional superior de Bellas Artes), aunque siguió con la fotografía. Bresson atribuye su encuentro con la pintura a su tío, o "padremítico". Aún recuerda su inicio en el mundo del arte cuando lo llevaron al estudio de su tío contando tan solo con 5 años, donde comenzó a "impregnarse" de los lienzos.

Siempre arisco, en 1969 se dio el lujo de asegurar: "Pude estar años sin sacar una fotografía. Todavía no estoy seguro de ser un fotógrafo". Después de infinitos coqueteos con la pintura, en 1975 colgó la Leica para dedicarse a dibujar. "La fotografía es un dibujo acelerado", definió. Si con la cámara -fotográfica o de cine- siempre ha querido responder de manera instintiva a los estímulos de la realidad, con el lápiz lo hace con calma, sin dejarse sorprender por el azar ni por la idealización. Viejo admirador de los surrealistas, Cartier-Bresson no dibuja nunca de memoria o imaginando, quiere tener el modelo ante sus ojos, desconfía de la ficción. Es un buen ejemplo del ideal de reportero gráfico definido por Baudelaire: "El observador es un príncipe que en todas partes disfruta de su incógnito". Cartier-Bresson pasaba horas en el Musée de l´Homme, en París, dibujando esqueletos de dinosaurios y rogando no ser descubierto. Como aquella vez que salía de una exposición suya en Nueva York y la lluvia motivó que se largara a hacer fotos. "¡Miren a ese tipo! -gritó un señor-. ¡Otro más que se cree Cartier-Bresson!" "Es muy agradable ser famoso pero sólo a condición de seguir siendo desconocido", adoraba repetir.

A lo largo de su carrera, tuvo la oportunidad de retratar a personajes de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Édith Piaf, Fidel Castro y Ernesto Guevara. También cubrió importantes eventos, como la muerte de Gandhi, la Guerra Civil Española, donde filmó el documental sobre el bando republicano "Victorie de la vie", la IIGM, en la que estuvo en la Unidad de Cine y Fotografía del ejército galo o la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín y también documentó la construcción del Muro de Berlín. Cartier-Bresson fue el primer periodista occidental que pudo visitar la Unión Soviética tras la muerte de Stalin.
Jorge Luis Borges lo nominó para una distinción "Porque usted ve y yo ya no veo". Reacio a las loas públicas, Cartier-Bresson recibió el premio de manos de María Kodama en el hotelito siciliano donde sus padres pasaron la noche de bodas.
Para él:
"La fotografía es, en un mismo instante, el reconocimiento simultáneo de la significación de un hecho y de la organización rigurosa de las formas, percibidas visualmente, que expresan y significan ese hecho".
Gracias a las exposiciones del Centro Internacional de Fotografía, a partir del 1979 sus imágenes han recorrido todo el mundo. Algunas de sus colecciones son: The Decisive Moment (1952), The World of Henri Cartier-Bresson (1968), Henri Cartier-Bresson (1980), Henri Cartier-Bresson: The Early Work publicado por Peter Glassi en Nueva York (1987).

En el año 1983 recibió el Premio internacional de la Fundación Hasselblad.
Junto a su última esposa, la también fotógrafa Martine Franck, creó en el año 2000 una fundación (HCB) encargada de reunir sus mejores obras, situada en el barrio parisino de Montparnasse; fundación que asegura la buena conservación de su obra.

Un año antes de su muerte, en 2003, la Biblioteca Nacional de Francia le dedicaría una exposición retrospectiva. También en 2003, Heinz Bütler dirigió la película suiza Henri Cartier-Bresson - Biographie eines Blicks, documental biográfico interpretado por el propio Cartier-Bresson.
Muere a los 95 años de edad el día 3 de Agosto del 2004 en su residencia "Le Claux" al norte de Marsella-Francia.
Para algunos, Cartier-Bresson es una figura mítica en la fotografía del siglo XX. Uno de sus mejores biógrafos (Pierre Assouline) lo apelaría como «el ojo del siglo». Poseía una capacidad única para capturar el momento efímero en que la importancia del tema se da a conocer en la forma, el contenido y la expresión.

"For me the camera is a sketch book, an instrument of intuition and spontaneity, the master of the instant which, in visual terms, questions and decides simultaneously. In order to "give a meaning" to the world, one has to feel involved in what one frames through the viewfinder. This attitude requires concentration, discipline of mind, sensitivity, and a sense of geometry. It is by economy of means that one arrives at simplicity of expression.
To take a photograph is to hold one's breath when all faculties converge in a face of fleeing reality. It is at that moment that mastering an image becomes a great physical and intellectual joy.
To take a photograph means to recognize - simultaneously and within a fraction of a second- both the fact itself and the rigorous organization of visually perceived forms that give it meaning.
It is putting one's head, one's eye, and one's heart on the same axis."
- Henri Cartier-Bresson

"Henri Cartier-Bresson fue un faro en blanco y negro que iluminó la fotografía testimonial. Millones de miradas se posaron, a lo largo de décadas, sobre la serenidad que sus imágenes transmiten. Sus libros, verdaderas biblias para los fotógrafos de prensa, tienen la virtud de no tener final. Resulta imposible que al volver a hojearlos las imágenes sigan allí, quietas, como si nada hubiera pasado. Cada lectura de sus fotos es distinta. Porque mirarlas modifica nuestra mirada. Fue el indiscutido maestro del momento decisivo. Ese momento en que las personas y las cosas parecen acomodarse para dar lugar a escenas potentes y perdurables. Ante los ojos de Cartier-Bresson, la realidad parecía prolongarse por una fracción de segundo de más, para que su Leica atesorara momentos cuyo destino, inevitable, era evaporarse.
Para los fotógrafos de prensa era el referente máximo. El ídolo inalcanzable. El genio que jugaba a las escondidas tras su pequeña cámara. No habrá ninguno igual, nadie con su sutileza. Se permitió, en su genialidad, ser férreo con su técnica. No usaba el flash, decía que por respeto a la luz. Y no reencuadraba sus fotos.
Las mostraba, sin artificios, en crudo, tal cual él las había visto por el visor de su cámara. Trascendió con la fotografía, lo que es difícil en un mundo que tiende a seguir menospreciándola como valor artístico. Hace años se había recluido en su otra pasión: el dibujo. Según él, ya había fotografiado todo lo que se había propuesto. En su vejez resolvió crear su propia realidad y no capturar la que fluía. Se ha muerto una de las mejores miradas del siglo XX. Esa es la mala noticia. La buena es que mañana al mirar sus fotos volveremos a sorprendernos." ("La mirada" de Eduardo Longoni, fotógrafo)
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Un libro recomendado. "El siglo moderno"
El libro más importante de Henri Cartier-Bresson
Henri Cartier-Bresson (1908-2004) es una de las figuras más importantes e influyentes de la historia de la fotografía. Su obra se considera excepcional tanto por el área geográfica que abarca como por la visión histórica que ofrece de las profundas transformaciones sociales, políticas y culturales del siglo XX.
El Siglo Moderno ofrece más de 300 fotografías del autor. Muchas de ellas se hicieron famosas tras ser publicadas, pero otras son casi desconocidas. En ambos casos nos ofrecen una perspectiva sobre el alcance de sus imágenes, desde sus innovaciones surrealistas de principios de los años treinta hasta su carrera como periodista gráfico de primera línea tras la Segunda Guerra Mundial.
Peter Galassi, autor del libro y comisario jefe del Departamento de Fotografía del MoMA, es el responsable de la gran retrospectiva que el museo expone sobre el autor, de la que nace esta obra.
(fuente 2)




4 comentarios
mario
17 jun 2010 | 12:00 AM
Me encanta!
martamiraalrededor
21 jun 2010 | 01:12 PMTenía cosas estupendas, sip!
Un besote!!
;)
Marta
erika
27 ago 2010 | 12:49 AM
Genial!!!!!!!!!!!!!!!!, me encantan tus post de los 20 fotografos. Por favor terminalos todos!!!!!. Muy buena información. Porfa terminalos todos!.
martamiraalrededor
2 sep 2010 | 02:33 AMlo haré.
Saludos, Erika!
:)