La Coctelera

Mis manos

Esta noche miro mis manos. Estoy triste y miro mis manos. Pienso, y las miro y las toco, mientras pienso. No sé qué voy a hacer aún, pero el hecho de mirar mis manos me da confianza. Ellas, las que acariciaron a mis padres, sacaron adelante mis exámenes de la escuela, de la universidad, pintaron, dibujaron, moldearon, me lavaron, también me dieron gozo y criaron a mis hijos, limpiaron... y se tendieron a quien las necesitaba.

Mis manos son puras, limpias. Hoy juego con su piel. Secas. Así lo noto. Piel de pollo. Piel de miedo, de cambio. Pero siguen siendo ellas y yo las quiero. Me recuerdan a las manos de mi padre, fuertes, ágiles. Y a las de mis hijos. Pueden temblar, pero en momentos cruciales, son directas, sensatas. Me gusta acariciarlas.

Esta noche están frías, heladas. ¿De miedo? No creo. Ellas responden a mí. Yo estoy helada por dentro. Pero aún así cogen un bolígrafo y escriben esto. Mis manos. A veces, muchas veces, duermo con ellas entrelazadas; me gusta la sensación que eso me da. Ellas son estupendas. Mías. Uñas cortas.

5 comentarios

  • que tengas un bonito domingo.

    un abrazo.

  • Me has sorprendido bastante, no solo por el texto sino porque muchas veces dibujo mis manos - igual que tú, la silueta - sobre mis textos .... no sé de donde me sale esa especie de "manía" ... debe ser como tratando de dejar la huella total sobre lo que sale del alma.

    Espero que tus manos, la mayoría de los días, puedan estar tibias. Cuando estén heladas, cuenta conmigo.
    Beso.

  • Si es que somos unas maniáticas, chiquillaaaa!!! Yo no suelo hacerlo ¿eh?

    Y gracias por ese último párrafo. ¿Me regalarás unos guantes? (es broma. Muchas gracias, Flor. Tú también puedes contar conmigo hasta mil!!!)

    Un besazo!
    Marta.

    Pepe, otro besazo for you!

  • Jo, qué chulo.

  • ay

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