Las mujeres africanas llevan casi siempre el peso de la economía familiar. Trabajan en el campo, cuidan de los hijos y llevan a cabo la tareas de la casa. En una pequeña aldea de Benín, un grupo de mujeres se esfuerzan por salir de la miseria y proyectan su futuro con esperanza.
En ocasiones, viendo por televisión documentales sobre África, he observado cómo las moscas se adueñaban de las personas. Para mis adentros pensaba: “¿Por qué no las espantan?” Aquí, en mi misión de Parakou, encontré muchas veces la respuesta práctica a mis tontas preguntas: es inútil hacerlo; vuelven una y otra vez.
Ayer mismo fui al campo con un grupo de mujeres y una nube de moscas se adueñó de mi carne blanca. Luché durante un buen tiempo: manotazos, soplidos, movimientos ridículos, hasta que me di cuenta que era inútil hacerlo.
Mi día de campo, mejor dicho, mi día en el campo no fue un picnic programado, sino un día de trabajo compartido, duro, despojado, en contacto con la tierra húmeda, rica y receptiva. Con curiosidad, dudas y un poco de ansiedad, empecé a recorrer los campos. A simple vista, no se veía mucho. Me invadía una sensación de tristeza y frustración y no me animaba a preguntar por la cosecha. Ahí estaban mis mujeres, como hormigas, agachadas, trabajando...
Las mujeres africanas son fuertes. De ellas depende la economía familiar. No sólo intervienen en la cosecha. Su tarea es mucho más amplia: sacan las hierbas con machetes, azadas e incluso con las manos; preparan los surcos en la tierra y siembran las semillas con un sistema coordinado de a tres.
Una de ellas va por delante con un palo haciendo huecos en la parte alta del surco, otra deja caer casi con cierto arte la semilla dentro y una tercera, utilizando sus pies, cierra el hueco. Una danza para la tierra en la que se combinan las risas, los cantos y los movimientos del cuerpo para realizar el trabajo.
Las mujeres con las que trabajo plantan cacahuetes y maíz. Juntas proyectamos campos comunitarios en un intento de acabar con situaciones de extrema pobreza. “Ahora –me dicen, saboreando ya el fruto de su trabajo–, queremos aprender mejor el francés. Nuestras hijas irán a la escuela. Podremos mejorar las cosechas y elaborar aceite”.
(Fuente: "Aguiluchos". Misioneros combonianos).
Mirar qué cara tan bonita! Esos ojos... esa frente, esa sonrisa...
es maravillosa esta mujer:





5 comentarios
imagina
5 abr 2007 | 01:40 PMLas mujeres tiran del carro en todo, en el mundo entero!
martamiraalrededor
5 abr 2007 | 01:47 PMNo. No es lo mismo. Y no es que infravalore a las demás, pero en el caso específico de África. Ellas son el verdadero motor. Lo sé, porque además tengo un amigo africano y hasta él mismo lo reconoce, porque lo ha vivido de cerca.
Ellas son especiales. En serio.
imagina
5 abr 2007 | 03:00 PMMe refiero a las mujeres del tercer y cuarto mundo, sea en áfrica, oceanía, américa.... allá dónde las necesidades básicas no están cubiertas y la explotación es la normalidad.
Con esto no quiero infravalorar a nadie, sólo extender mi pensamiento a laa mijeres que tiran del carro dónde hay que tirar....
Mi intención es sumar, no restar.
Un saludo, Raúl.
bree
5 abr 2007 | 04:10 PMtotalmente de acuerdo en todo...tienen que vivir sin tener apenas nada...además las mujeres somos muy fuertes...eso sin duda...
kristydiarco
5 abr 2007 | 08:28 PMPienso igual que Imagina.
las mujeres tiran el carro en el mundo entero...(de mil maneras distintas)
Directamente...y tambien, detras de las apariencias...
Veamos ... tambien ...América...
... Europa del este...del centro...yyy...a veces...si "colgamos la intelectualidad..." más cerca...más cerca...
Kristydiarco