La Coctelera

[marta mira alrededor]

existe un mundo donde me encuentro en mis ausencias...

5 Abril 2006

Relato 18: Su tabaco.

Su tabaco...
(Otros relatos)

Mientras caminaba de regreso a casa, bajo ese calabobos, no me podía quitar de la cabeza aquella palabra. Dí una calada a mi cigarro. Era desconcertante, pensé, hacía mucho tiempo que no me decían nada igual. ¡Y ésta sin conocerme! De hecho, nunca antes había entrado en ese mugriento bar en el que la encontré, ahí en una esquina, tan ancha. Y, zas, en un momento, me acerco a ella y, sin más, me lo suelta. Será la falta de costumbre, pero me da qué pensar.

Me paso la vida, volcado en los demás, en sus necesidades y preferencias. ¿Y qué recibo? Que si ayudar a la señora del quinto a subir todas esas bolsas del pryca por las escaleras, que si sólo comprará pan bimbo, vale, pero va y se merca media frutería; que si ceder el paso en las puertas a todas las brujas cotillas del banco donde trabajo; que si llamar a mamá por teléfono cada noche para que la pobre se sienta querida, o por lo menos, no olvidada; que si bajar la basura a la Bene, la asistenta, porque tiene casi setenta años y padece de la espalda; que si ir a aquella tienda de lencería femenina, que me siento ridículo, a cambiar el sujetador nuevo de mi señora, porque ella dice que no la da tiempo entre el gimnasio y la peluquería y que sólo quedaba otro de ese color "rosa botella tan mono"; que si coger el coche y cargarlo de trastos inútiles cada vez que a mi hermana se le ocurre cambiar de casa, que, en su desequilibrado devenir por su existencia, es un día sí y otro también; que si una propina de órdago al chico que viene a cobrar cada mes la comunidad, porque ya lo siento, que el pasado año murió su padre y él, con su aún barbilampiña edad, saca a su familia adelante de recibo en recibo; que si unos duritos para ese viejo borracho del semáforo; que si reciclo el vidrio, el papel y las puñetas por el bien del planeta; que si la ropa que no nos ponemos a la iglesia; que si el donativo a los médicos del mundo y a los de las aldeas infantiles ésas con nombre de arroz; que si sacar adelante el trabajo del vago de mi compañero porque viene con resaca y no se acuerda de cuánto son dos más cuatro; que si las flores del mes de mayo, o de junio, o de julio, del colegio de las niñas, que lo que hacen las monjas es el agosto con el dineral que nos soplan; que si a media noche, papi ven conmigo, que tengo miedo, y ya no duermes, que si la nevera no funciona, que si este enchufe, Pepe, que eres un manitas, que si por qué no plantas unos geranios que quedarían tan bonitos en la terraza..., que venga hombre, que no te cuesta nada, que total, el partido que hoy "echan" por la tele no es importante, sólo semifinales... que si esto, que si lo otro...

Y yo, como puta por rastrojo el día entero. La madre que los parió a todos... ¿Y para qué? Pues para nada, lo haces, te jodes y nadie te dice ni mus. Y te sientes una mierda, porque piensas que no te valoran. Y estás hasta los apéndices de todo tu cuerpo de aguantar y entonces, un día cualquiera, en vez de volver directo a casa, optas por ir a cauterizar tus penas en alcohol, y te tomas cuatro whisquis seguidos y como no bebes "de a diario", pues que te cae a saco en tu ya más que amargado estómago y, por eso, te dices que se acabaron las moderaciones, que hoy vas a hacer lo que te dé la gana a tí, vamos... ¡que hoy vuelves a fumar!. Porque te lo mereces, por gilipollas, después de casi dos años sin probarlo. Pero luego compruebas con sorpresa que no te arrepientes, es más, que deberías haber dado el paso antes, porque es lo único que te van a agradecer en tu vida. Que fumes como una chimenea. Porque metes esas monedas por la ranura, pulsas una tecla y no sólo obtienes tu perfecta y cuadradita cajetilla de cigarros, tan lucida en su brillo, sino que caen las monedas del cambio, todas fraccionadas y todas a la vez, y suena como si te hubiera tocado el premio gordo, mientras una sugerente y melosa voz femenina te dice: "Su tabaco, gracias". Y piensas "¡Coño! Gracias..., ha dicho Gracias". Y es en ese preciso momento cuando decides que aunque el fumar mate, por lo menos te dan las gracias por ello. También el subir y el bajar y el cargar y el trabajar como un maldito esclavo mata y nadie te lo va a agradecer. Jamás.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

El Neumococo Chochiflán

El Neumococo Chochiflán dijo

Aún estoy volviendo a encajar mi mandibula en su sitio, después de ller este post despiporrante.

Felicidades por tu blog.

5 Abril 2006 | 01:48 AM

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