Relato 17: Preposiciones Literarias
Preposiciones literarias
(Otros relatos, Marta Sotillos)
A estos niveles etílicos y en el quinto bar de la noche, ya no controlo demasiado, esa es la verdad.
Ante mí, en este momento, tengo a la perica más salvaje de toda la jungla madrileña.
Bajo su vestido de gasa, imagino un cuerpo lúbrico, recio y brillante... un pura sangre.
Cabe pensar que la atraigo, porque lleva ya un buen rato, en el umbral de la puerta, mirándome y sonriendo.
Con esa expresión que parece decir “guapo, conozco tu secreto”. Pero... No...
Contra todo pronóstico, la chica es un camarero con bigote, que me dice que le pague. ¡Dios!
De un tiempo a esta parte, la única mujer que me ha permitido besarla ha sido mi tía la del pueblo.
Desde que entré en el Taller, no he hecho otra cosa que trabajar, y leer y escribir. Joder.
En el cine es diferente. Los escritores de película se pegan la vida padre en blanco y negro. Con glamour y recochineo.
Entre nosotros, para qué tanto esfuerzo, si al final terminaré trabajando de, y como un, negro.
Hacia el talento no reconocido y la frustración infinita. Y más allá.
Hasta que un buen día me plante, me case con mi prima Rosita y me dedique al vivero familiar y hola al estiércol y adiós a la escritura.
Para qué tanto estudio, tanto ahínco...para morir de asco...
Por perseguir un sueño...
Según mi padre, “sin futuro, Paco, otro sueño sin futuro”.
Si por lo menos, alguien leyera mis relatos... Nunca llegaré a nada en este mundo de las letras...
So pena de que me contraten para escribir recordatorios fúnebres o comulgatorios... o tarjetas de felicitación en navidad.
Sobre este tema prefiero no seguir hablando, que me entra dolor de esfínter.
Tras el cristal del culo de mi vaso, a través del whisqui, ahora aparecen unas figuras que van tomando forma. Soy... ¿yo? Sí...”Coñó” ¡Me puedo ver!. Qué serio estoy. Y qué elegante. Debo ser ya sesentón porque luzco un pelo muy cano, largo, con patillas. Joder, juraría que me han crecido la nariz y las orejas... Las gafas son las de siempre y... ¿y mi bufanda roja?. No, no la llevo. Voy... de cha...¿queeeé? ¡De chaqué! Ja, ja, ja. ¡Qué fuerte, macho! Y... alguien... me felicita. Parece un tema importante. Un galardón. Sí... Está presente algún escritor que casi no reconozco dada su decrepitud, ¡andá! ¡ése de ahí estudió conmigo! ¡Y ésa! Pero hay mucha gente que no sé quién es. Y está el príncipe... ¡y su novia! ¿Dónde está Franco? ¿Habrá muerto ya? ¡Qué notición, chaval! Oye, pero qué trasnochados estamos todos....Yo, en medio, de pie, tan circunspecto, ahora, el príncipe Juan Carlos (¿ya será rey?) se acerca y me pone una medalla... Y todos se levantan y aplauden. A ver... parece de oro, grabada con la efigie de... ¿de...? ¡la madre que me parió...!
... Cervantes..., tío, tengo que dejar el alcohol.
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Nota: Véase preposición como algo que precede a cierta posición.

(éste relato lo escribí para un concurso que hizo El Mundo cuando Francisco Umbral ganó el premio Cervantes y he de decir que nunca lo presenté!! jooooooooooooooo.... estaba chulo....!!! (soy medio tonta).
Por cierto, hay una preposición que está mal usada.... me dí cuenta más tarde... pero... (y no voy a decir cuál es!!! uhmmmmmm... ;))


operadoor dijo
La pasé muy bien leyendo esto
5 Abril 2006 | 12:48 AM