La Coctelera

Relato 15: Borja mueve la cabeza

Borja mueve la cabeza
(Enciclopedia de Allegados)

Marta Sotillos

Borja es todo un personaje. Mejor dicho, varios personajes a la vez. Tener a Borja como amigo es como tener cinco –o más- amigos en uno. Creo que que es por eso que le quiero cerca.

Borja es un hombre que hace tiempo se peleó con la normalidad. Alguien que sabe conseguir que todos los ojos se posen en él. Y sabe hacer que en todos esos ojos asome el mismo brillo de curiosidad y admiración. Y de extrañeza.

Cuando le conoces, llegas a considerar la posibilidad de que pueda ser de otra galaxia. Y le observas. Borja tiene dos orejas, dos ojos, una boca, dos piernas, dos manos... Borja tiene pelo y dientes. Y además, el conjunto de todos esos órganos es tan armonioso que crees que la naturaleza se merecería una buena nota en composición. Pero Borja tiene algo que le hace diferente. Algo.

Borja es cabeza, pero es corazón. Es nervio y pachorra, acción y pereza, claridad y confusión. Lo que se dice un transformista. En segundos puede pasar de ser el hombre más juicioso de este mundo al loco más loco de la buhardilla. En segundos puede saltar del pensamiento más reflexivo y rebosante de talento a una vanalidad y un folcklorismo propios de un gitano con una cabra y un tambor.

Una parte de Borja estudia filosofía pura y la otra se gana la vida como realizador de cine. San Agustín y Woody Allen. Kant y Torrente. No sé bien cómo se come esto.

Hay algo en Borja que me llama especialmente la atención. A menudo gira la cabeza y el cuello de un lado a otro, con insistencia, como si acabara de ducharse, se le hubiera quedado agua dentro de un oído, estuviera incómodo y se sacudiera en un intento de sacarla fuera. Borja mueve la cabeza. Si le preguntas, te va a decir que necesita hacerlo, vamos, como el respirar...

A veces pienso que el interior de su cabeza debe ser como un gran bombo tan desordenado, con tal información y tan variada que esos movimientos no son sino el acto de colocar la bola que tiene que caer en el momento oportuno. Así de fácil. El cuatro: una gracia. Y aparece el Borja más ocurrente y divertido. El seis: estudio. Y se va el Borja serio. El tres: “Silencio. Se rueda”. Y surge el Borja profesional y creativo, con el que trabajo.

--¡Corten! ¡No, no! ¡ Joder, con los focos! ¡Ya está bien! ¡Esa cámara! ¡Venga, vamos ya! –grita enfadado ahora el Borja más autoritario. Y nadie respira. Y entonces él te mira, aún con la tensión del momento, y sonríe, y te dice con esa mirada que comprendas, que es su papel. La bola ha caído. Y ahora mueve de nuevo la cabeza, con movimientos lentos que ya conoces bien. Ese balanceo. Y sabes que en un momento aparecerá de nuevo el Borja más encantador, el que hará un buen chiste, el que te llama Martola. El más amigo tuyo de entre todos los Borjas. Hasta el próximo movimiento de cabeza

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