La Coctelera

[marta mira alrededor]

existe un mundo donde me encuentro en mis ausencias...

4 Abril 2006

Relato 13: Hasta que la doncella os una.

Esto era algo que se veía venir.

Nunca se han soportado pero, de un tiempo a esta parte, era tal el rechazo mutuo que por algún sitio tenía que saltar. Lo que siento es que me pillara a mí en medio, porque he de decir que el espectáculo no fue agradable.

Él y ella se conocen desde hace muchos años y, hasta ahora, aunque nunca se han gustado demasiado, han ido tragando y tragando, hoy por ti, mañana por mí, y así han convivido juntos en mayor o menor concierto. Pero últimamente se veía venir. Ya lo comentábamos entre nosotros, los que formamos el servicio de la casa. Que poco tenían que ver... Que como para estar juntos... Que naturalezas tan diferentes... Que esas uniones no suelen funcionar.

Ella es buena. Muy buena. Él también es bueno en esencia, no os voy a decir lo contrario, porque mentiría, pero es de humor cambiante, muchas veces se muestra seco o agrio, otras jovial y dulce... Eso sí, siempre con un fondo de locura peligroso.

De carácter limpio y puro, ella emana transparencia, es el ser más acogedor y reconfortante que te puedas imaginar. Y te cala y entonces se convierte en algo tan necesario en tu vida que no podrías vivir sin ella, porque hace que te sientas bien, que te encuentres a gusto contigo mismo, te inunda de energía y todo crece y florece a su alrededor. Ella es pura vida, llena de frescura y belleza. Así es ella. Hacendosa y pulcra, en casa, la verás limpiando, cocinando, haciendo la colada, bañando a los niños, o a los mayores y, en ocasiones, cuidando el jardín. Pero también es muy divertida y disfruta jugando o practicando algún deporte. Y aunque cuando se enfada o se siente desbordada puede ser un desastre, en general lleva una vida corriente, sana y sencilla.

Él es otra historia. Su temperamento, fuerte y embriagador, le confiere un atractivo que puede hacer que pierdas la cabeza. Cuando le conoces compruebas que puede llegar a ser muy generoso y hasta su presencia puede resultar tonificante, pero a menudo, se tuerce y, si te coge desprevenido, te volverá loco, hará que pierdas el control, te engañará y te emborrachará y entonces podrás hacer cosas de las que luego te arrepientas. Es posible que te metas en más de un lío por su culpa.

Él es un vividor y por eso gusta mucho, su éxito está asegurado, y allí donde va se convierte en el centro, el verdadero protagonista y a ella la deja de lado. Y eso ella no se lo perdonará jamás. Él, por su parte, sabe que, en el fondo, ella vale más que él, que al fin y al cabo ella es lo que queda. Ella es imprescindible, es única y, en cambio, parecidos él, aunque salvando las distancias, hay muchos otros. Como podéis apreciar, el recelo es mutuo y, como os decía, por algún lado tenía que saltar. Esto ya se veía venir.

Aquella noche, en la casa se celebraba una importante cena. Y él, muy distinguido, de etiqueta, brilló desde que hizo acto de presencia. Los invitados, seducidos, enaltecieron su elegancia, su refinamiento, sus cualidades, hasta alguno tuvo palabras de elogio hacia su cuerpo. Una de las invitadas comentó fascinada “lo increíble que era su mejora con el paso de los años”. De hecho, durante la velada, buena parte de la conversación giró en torno a él, a sus ilustres apellidos, a sus orígenes afrancesados, sus tierras, el raigambre de su familia... Y claro, automáticamente ella paso a un segundo término, ahí abandonada en un rincón, aislada, lagrimosa y pálida en extremo. Tan tímida, tan sobria, tan al margen.

Al término de la cena y cuando los últimos invitados ya se estaban despidiendo, dos sirvientas terminaban de limpiar la vajilla y recoger la cocina. Y una de ellas, entre risas, me cogió entre sus manos y después, de sopetón, agarró la botella de vino y me lo echó por encima. No os lo he dicho porque hasta ahora os estaba poniendo en antecedentes: soy una frágil copa de cristal de Bohemia. Pues eso. Me llenó de vino y me dió un sorbo, y me apartó bruscamente y empezó a toser y a carraspear. “Qué fuerte está” –dijo, y a la tonta no se le ocurre otra cosa que coger una jarra y verter agua en mí misma, así, encima del vino.

Se veía venir. Una mezcla explosiva. Ya os he contado que se conocen desde hace tiempo pero nunca se han gustado. Él y ella. Como el día y la noche. El vino y el agua.

Ahí empezó la guerra abierta. Una discusión como pocas he presenciado. Nadie les pudo oír, excepto yo, que los tenía dentro. La verdad es que estaban agotados y ya venían calientes de la mesa y eso de una unión tan íntima –en ese momento eran uno- no pareció llenarles del todo. Así es que, sin intercambiar palabra, haciendo uso no de un lenguaje oral, sino de un lenguaje líquido, que yo lógicamente domino bien, se dijeron lo que no está escrito, fruto de siglos de incomprensión.

No me acuerdo de todo, pero para que os hagáis una idea, ella, más purista, le insultó diciendo que él, el vino, era pasado y, para colmo, indefinido, y que era un negado, que dentro de él se encontraba la negación por excelencia, el “no”. Él tampoco se quedó corto, pero sí tuvo más gracia y, un tanto abocado, le gritó algo así como “aguafiestas, aguántate, que lo tuyo es cocer huevos, llenar cisternas de “váteres” y lavar calcetines sucios”. Ella, ahora hundida ante tales bajezas, le contestó que él era un auténtico inútil, que no servía para nada, sólo para causar vómitos y dolores de cabeza y que era tan viejo que le habían puesto en la reserva desde hacía años, en la gran reserva, y que era un malcriado y un avinagrado. Y que era un vivalavirgen. Y que lo que le pasaba es que estaba picado. He de reconocer, que la discusión se tornaba ocurrente por momentos…

Durante un buen rato, se pelearon, perdiéndose el poco respeto que aún se tenían. Y se hicieron mucho daño. Ella lloraba en silencio. Él no lloraba. “Los vinos no lloran”. Y fue entonces que la doncella me dió otro sorbo. Esta vez sorbito, pequeño, como de cata, y en ese momento se oyó un taconeo, eran pasos, y se abrió la puerta y entró la señora de la casa. Y la doncella, no corta ni perezosa, pero sí muerta de miedo porque la pillaran en ésas del beber o no beber, rápidamente vertió mi contenido en el fregadero.

Fue ahí, sumidos en la adversidad, entre restos de guisantes y detergente, cuando Él y Ella pararon de discutir, se abrazaron y la fusión fue total.

La verdad es que de camino a la alcantarilla, no hacían tan mala pareja. Bonito color rosa frente al gris plomizo acre de las tuberías oxidadas…

(Marta Sotillos)

servido por martamiraalrededor sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Los comentarios están cerrados


Sobre mí


free web counter
web counter

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner


www.flickr.com
Elementos de Marta mira alrededor... Ir a la galería de Marta mira alrededor...





 Search: 
 for    


Inches to Millimeters conversions
Enter Inches
Value in Millimeters


Page Graphics

Categorías

Amigos

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera