La Coctelera

[marta mira alrededor]

existe un mundo donde me encuentro en mis ausencias...

4 Abril 2006

Relato 11: Los dos Álvaros

LOS DOS ÁLVAROS
Marta Sotillos,

El destrozado cuerpo de Álvaro García pasaba inadvertido en la fría y mal iluminada sala de espera del principal tanatorio de la ciudad. Estaba inerte, sentado en una silla corrida de acero inoxidable y plástico rojo. Sangraba. Su cabeza apoyada sobre la amarillenta pared. Aquella mirada sin vida permanecía fija en algún punto de una mohosa gotera del techo. Le sangraba el alma. A su lado, un cenicero negro llevaba humeando horas. En él, un cigarrillo mal apagado reencendía por los costados dos o tres cigarrillos bien apagados. Mierda.

Álvaro vestía vaqueros y botas, un grueso jersey de cuello alto y su viejo chaquetón de ante marrón. Iba abrigado, pero estaba completamente helado. Por dentro y por fuera. Estaba muerto. Más muerto que muchos de los que en ese momento, a esas horas de la madrugada, fijo estarían siendo embalsamados en alguno de los sótanos de aquel edificio sin vida. Estaba más muerto que Álvaro. El otro Álvaro. Su amigo. Álvaro Burgos Goizueta. “El Burgos”, como le llamaban en la escuela. “Mac”, como le llamaba él. Mac, cuando le amaba, y entonces le quería como de su propio cuerpo. Álvaro, cuando le odiaba. Y ahora ahí, en esa macabra sala, llena de gente toda conocida –unos conocidos por él y otros seguro conocidos por otra gente que él desconocía y que le importaban un bledo-, a las tantas, ahora él, Álvaro García Capeto odiaba más que nunca a ese otro Álvaro. Aunque, en realidad, al que odiaba era a Mac. Porque le odiaba y porque le quería.

De repente, el Dios mío qué coño es todo esto y el no poder más ni física ni psíquicamente le cerraron suavemente los ojos y le empujaron a una oscuridad a la que no se resistió. Y Álvaro se dejó llevar por una especie de letargo, negro, inmenso y absorbente, y sus músculos se relajaron y ahí le dolió todo el cuerpo, y gruñó quejándose, pero en ese estado había un aire acogedor y pacífico, y un olor a después de la lluvia, a ozono, y respiró muy hondo, con la boca abierta, para purificarse. Después sonrió. Y en esas estaba, cuando apareció borroso, al principio. Esa niebla... Es el humo. Maldito cenicero... Podía distinguir una figura. Un hombre venía hacia él con aire de satisfacción, sonriendo. Esos andares. Ese desgarbo. Eran... Eran propios de...

-¿Qué, Álvarote? ¿te pareció suficientemente realista? salió bien ¿eh? Mi mejor numerito. Ta-ta-ta-chan...”Muerte en directo”. Había que echarle cojones, pero me preparé bien.

-¿Mac?, Mac..., -susurró Álvaro, indeciso- ¡Eres tú...!-le gritó, de repente- ¡Álvaro, hijo de puta! ¿por qué? ¿por qué, joder?

Y, eufórico, corrió hacia la figura y quiso abrazarla, pero era una imagen, una idea, y en el intento se abrazó a sí mismo, cayendo al suelo de rodillas, desarticulado, roto. Y lloró, lloró horas, días, años. Y lloró por el pasado, por el presente y por el futuro. Pero por encima de todo por haber perdido lo que más quería. A su hermano. A su amigo Álvaro. A Mac.

.......................

Me llamo Álvaro, Álvaro Burgos. Y sí, estoy muerto. Llevo así ya una semana, y esto no tiene pinta de ir a cambiar.

Conocí al otro Álvaro en la Escuela Superior de Artes y Espectáculos de Madrid. Lo nuestro fue un flechazo. No somos homosexuales. Fue un flechazo de verdadera amistad. Si tu pareja es tu media naranja... ¿qué fruto es tu amigo del alma? ¿tu media manzana, tu medio melocotón, níspero? Ni puta idea. El caso es que nos vimos y lo supimos. Y siete años después, la vimos a ella y también lo volvimos a saber. Sin palabras. Sin comentarios. Así era como nos entendíamos Álvaro y yo. Una mirada y ¡zas!.

El cine era nuestra vida. Los dos estudiábamos dirección cinematográfica. Él tenía pura madera. Yo, la verdad es que era bastante leño. Él destacaba por su inteligencia y creatividad, yo era el cachondo del dúo. Las risas. Él en cinco años de vida, más o menos correcta, se convirtió en un prometedor director de cine. Yo, después de deambular por todos los garitos de copas de la ciudad, bebérmelo y fumármelo todo, dormir todo lo dormible y ligar todo lo ligable, abandoné al segundo, en el segundo año, e ingresé en la Escuela de Especialistas Cinematográficos de Angel Planas. Gimnasio, deporte, músculos, dieta y un par de huevos... Así, los papeles estaban ya repartidos: mi amigo Álvaro era el cerebro y yo el resto del cuerpo.

¡Ya está! Sé cuál es la fruta. Es piña. Álvaro y yo formábamos una piña. Eso es.

Y entonces tuvo que aparecer ella. Natalia. La conocimos en el mismo sitio, el mismo día y a la misma hora. Nos la presentó la misma persona y los dos nos quedamos igual. Igual de colados. Igual de gilipollas. Era la preciosidad hecha mujer. Nathalie Seseña de la Mata y Fontaneda. La niña tenía los veinte años más impresionantes que os podáis imaginar. Estudiaba arte dramático, porque quería ser actriz. Su cuerpo era capaz de quitarle el hipo, el sueño y la razón a cualquiera. Con dos ojos -hasta ahí normal-, con dos ojos enormes y verdes, una melena negra hasta el culo, una sonrisa de pura sangre y un abuelo al que en su día se le había ocurrido una idea de lo más tonta: llamar a una galleta con el nombre de su madre. María.

Y yo, el más fuerte, fui el más débil. Y yo que era especialista en partirme la cara, tirarme por un puente, prenderme fuego o romperme la crisma, no lo era tanto en argucias de mujeres maravillosas, ambiciosas, mentirosas y destructivas. Y fui y me enamoré. Pero lo peor es que Álvaro también fue. Y él no se enamoró, pero como todo el que iba hacia ella, se atontó. ¡Y aquí fue donde la cagamos, pero bien! Porque la encantadora Natalia resultó ser el destructor Nathalie, con un objetivo claro: aniquilar a todos los Álvaros que se cruzaran en su trayectoria. Ja. Ahora me hace gracia. Recuerdo un juego de estrategia militar, el Risk, al que Álvaro y yo dedicábamos horas y horas los fines de semana de invierno en un molino que tenían sus padres en Soria. Al inicio del juego, te tocaba un objetivo secreto, tipo “aniquilar los ejércitos azules” y no parabas hasta que los dejabas en bragas. Hechos papilla. Sin piedad. Y lo pasabas en grande destrozando todo lo azul que se posara sobre el tablero. Álvaro os lo puede contar. Pues lo de Natalia con nosotros, algo parecido.

El caso es que ella jugaba bien y primero atacó al más vulnerable y, muy generosamente, esa primera noche me hizo un hueco en su cuerpo y yo le hice un hueco en mi vida, en mi cama, en mi baño y en mi alma. Así pasamos exactamente trece meses y siete días, hasta que aquel octavo día del decimocuarto mes, descubrí que ella estaba jugando a dos bandas. Joder. ¿Y cuál era la segunda banda? Dilo tú, que a mi me da la risa floja. Sí, Álvaro. Dilo tú. Natalia me ponía los cuernos con mi inseparable y querido amigo del alma, Álvaro. Es decir, algo raro, mi media naranja... con mi media piña...Un follón. Pero un follón que me jodió bien.

Álvaro, por aquel entonces, tenía un gran proyecto en mente. Había escrito una historia, el guión de su primer largo, y necesitaba pasta, buscaba quién se lo produjera a toda costa. Fue una época demencial. Cada loco con su tema. La obsesión de Álvaro era su película. Dinero, dinero. La mía era Natalia. Y la de Natalia resultó ser el conseguir el papel protagonista de la película de Álvaro. ¡Qué bonito! El corro de la patata.

Creo que hasta Benito Alóndiga, el más tonto de nuestra clase de primero, podría adivinar lo que nos pasó después. Natalia se fijo en Álvaro: en su película. Álvaro se fijó en Natalia: en su dinero. Y yo me quedé más sólo que la una, mirando cómo se montaban su película, nunca mejor dicho, sin mi mejor amante y sin mi mejor amigo. Todo muy rápido. El siete de marzo, Natalia salió de mi casa. El ocho de junio, ella y Álvaro se casaron. Yo no figuré entre los cuatrocientos noventa y nueve invitados. Y el uno de septiembre, se empezó a rodar el primer largometraje de Álvaro García Capeto. El doce me telefoneó.

-Mac, tío, ¿sigues tirándote por los barrancos? Necesito un especialista como tú, alguien con agallas, para la escena del puente. ¿Te acuerdas? La iba a hacer Planas pero se ha hecho un esguince haciendo no sé qué. Tú seguro que la bordas, que siempre has sido el mejor. Es fácil. Y pago bien. Treinta mil y es un momento. Venga, tío, vamos a olvidar todo el mal rollo. Joder, el pasado es pasado. Seguimos siendo colegas ¿no? Ah...Nata dice que está deseando verte. Que muchos recuerdos...

Muchos recuerdos. Recuerdos... eso es lo que hay, pedazo de cabrón, muchos recuerdos... Demasiados recuerdos...Yo la quería y tú lo único que siempre has querido es el puto dinero del galletero de su abuelo.

A la semana siguiente, quedé con Álvaro para ver los planos que quería rodar y para organizarlo todo. Fue curioso el paralelismo entre realidad y ficción. En la escena, yo doblaba al protagonista que decide suicidarse porque la chica, interpretada por mi Natalia, ha dejado de quererle. Tenía que arrojarme desde el Viaducto de la calle Segovia, simulando su suicidio.

-Ésta es mi obra de arte, Mac, tenlo presente. Estoy hasta la coronilla de ver chapuzas, mierdas de chichinabo de especialistas baratos, el quiero y no puedo de siempre. Yo no chaval, yo quiero calidad y pelos de punta, realismo, sobre todo realismo –insistió Álvaro una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez...

Y así fue. Como la vida misma. Como la muerte misma. La prensa habló de un accidente, un error en los metros de cuerda. De eso nada. Encima, macho, te dejan como si fueras gilipollas. Lo calculé todo. Medí bien la cuerda, pero añadí un poco más. Fue poco. Exactamente, tres metros más: éste por Natalia, éste por Álvaro... y éste último por mí. Uno, dos y tres.

- Me quedó de coña, Álvaro, no digas. ¡Qué “jevi”, macho! Descendí a toda leche los veintitrés metros hasta estrellarme contra el asfalto. No me dolió. El golpazo es tan fuerte que ni te enteras. Recuerdo que me quedé un buen rato ahí tirado, inmóvil, mientras todos vosotros, como locos, buscabais la ambulancia que debía estar y no estaba, porque yo había quedado con ella unas calles más allá, porque yo, por si no te has enterado, lo que quería era morir. ¿Cómo podía seguir viviendo sin Natalia? ¿Cómo podía seguir viviendo sin ti? ¡Os quería, coño!. Los dos erais mi vida. Mi vida...¿entiendes? Bueno, supongo que ahora tendréis que esperar, el juicio, papeleos, una multa..., bah, dinero..., ¡será por dinero, ahora que perteneces a la súpermillonaria familia Fontaneda! Pero, tío, el guión, tu historia, es buena y verás como la película sigue adelante, y encima con toda esta publicidad... Domingo por la mañana, mogollón de gente mirando, nuestro público, Álvaro. Y ella, la princesa Nathalie, estaba arriba, a mi lado... Me tome una pequeña libertad, perdona. Mi último deseo. La besé antes de saltar... Y ella no sólo se dejó besar, si no que me besó también, y le temblaban los labios. Lo viste por el objetivo, lo tienes grabado. Primerísimo primer plano. Te diste cuenta. Nunca se te ha escapado ni una. No se te escapó ella tampoco... Tú y tu ambición. No la querías, nunca la has querido, y yo... yo... éramos... nosotros... Con nuestras vidas. Has pagado tu película con nuestras vidas. Ahora responde...Ahora respóndeme tú a mí: ¡Álvaro, hijo de puta! ¿por qué? ¿por qué, joder?

--------

Éste relato lo escribí hace bastante tiempo. Basado en un hecho real. Hubo un accidente en el rodaje de esta película. Luego, yo me inventé el porqué del accidente.

Noticia de prensa: "El especialista Alvaro Burgos Goizueta muere, por un fatal accidente, al caer al vacío desde el Viaducto de la madrileña calle Segovia, cuando rodaba una arriesgada escena de una película. Hubo un error de cálculo en las cuerdas con las que Alvaro debía hacer puenting. Se trata del largometraje Canícula, primer film del joven director Alvaro García Capeto. El rodaje de la película ha quedado suspendido".

Ésta era la película (que, al final, sí se estrenó):


Dirección y guión: Álvaro García-Capelo.
País: España.
Año: 2002.
Duración: 113 min.
Interpretación: Nathalie Seseña, Antón Reixa, Farid Fatmi, Sergi Calleja, Elvira Mínguez, Aitor Merino, Manuel Morón.
Música: Víctor Reyes.
Fotografía: José del Río.
Montaje: Fernando Franco.
Estreno en España: 2 Agosto 2002.

servido por martamiraalrededor sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Los comentarios están cerrados


Sobre mí


free web counter
web counter


www.flickr.com
Elementos de Marta mira alrededor... Ir a la galería de Marta mira alrededor...





 Search: 
 for    


Inches to Millimeters conversions
Enter Inches
Value in Millimeters


Page Graphics

Categorías

Amigos

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera